Relato original de Juan F. Díaz Hidalgo
El proyectil fue disparado. Era la tercera vez que el cabo alemán había calibrado el mortero. La tercera oportunidad para que el pelotón de infantería enemigo fuese trizado por el disparo mortal. Trazando su trayectoria, el roce del metal con el aire emitía su zumbido característico.En la trinchera, los soldados atacados se cubrían instintivamente la cabeza con las manos. Sus pensamientos eran de aceptación de la futura muerte. Sabían el significado de lo que estaban oyendo. Tenían la certeza de que el zumbido cesaría con la explosión del proyectil y, esta vez sí, les caería encima. Algunos rezaban resignados, otros quedaban paralizados, sintiéndose como un cordero a punto de ser sacrificado. Sin embargo, Joseph Rampal, no quería aceptar su próximo destino y se dijo que no iba a morir.


















